INTRODUCCIÓN
Desde una perspectiva filosófica en su relación dialéctica se ha presentado la dicotomía en la relación entre el hombre y su mundo; el hombre, el humano que se sabe sabio y su universo como cosmovisión del ser y del hacer; sujeto y objeto en íntima e inevitable relación con su pensamiento; una relación que ontogénicamente deriva de una relación sistémica entre la realidad, los unos y los otros; una contradicción permanente en la interrelación de independencia dependiente como oscilación pendular y objetiva de poder; sujetos empoderados y sujetos – objetos ausentes de poder, en intima relación social.
Es en esta relación social donde el poder como concepto se explica en la capacidad del individuo o grupo social para cambiar, modificar o inducir la conducta y actitudes de otros individuos o grupos.
De tal forma que el poder existe, por cuanto social y en consecuencia tiene un carácter fáctico. Este poder como consecuencia del pensar humano tiene un origen natural, pues el hombre es naturalmente humano, aunque en el propio ejercicio del poder implica a la vez su posible negación humana. Y es en esta negación humana como estadio evolutivo del primitivismo humano donde se explica su existencia anónima. Pero es también en este estadio, donde adquiere su carácter modelativo, por cuanto proceso y consecuencia de un modelo mental. Esta construcción modelativa puede existir en el sujeto aislado; sin embargo, no deja de ser un sujeto político, por cuanto social; en consecuencia el poder no puede existir sin al menos dos elementos subjetivos, el que lo ejerce y sobre quien es ejercido. Lo cual por derivación esta determinado en un sistema de poder con implicitud y relevancia (o irrelevancia) social.
Este sistema de poder al considerarse sistémico, por cuanto objetivo, debe tener como causa posible un potencial, incremental al ser aplicado expresará su impacto como obediencia, acatamiento, sumisión o subordinación; es decir, su efecto, impacto o incidencia será inversamente proporcional a la gradación (grado) del sistema de poder.
Es en esta gradación oscilante del sistema de poder donde se puede inferir que en su carácter elemental (elementos sistémicos) puede ser a la vez un sistema abierto o cerrado; que al ser producto de un modelo mental implícitamente se explica en su carácter consciente (e inconsciente); es en este carácter de consciencia donde el poder como sistema abierto se explica en su carácter sensible a las variaciones de ésta (la consciencia) por cuanto puede ser realimentado propiciando las variaciones o cambios sociales que permitan o limiten el ejercicio de este poder; o bien como sistema cerrado que permita un desequilibrio sostenido en el sistema de poder; un ejercicio que al mantenerse estará determinando su ordinación equilibrada; un orden como principio de ordinación, pero también como principio de autoridad ejercida. Un orden social estable, aunque posiblemente indeseado.
En consecuencia, al tener un carácter natural, social y evolutivo, el poder deberá poseer espacio temporalidad; es decir, un carácter socio – histórico y dinámico por cuanto en permanente co - construcción; y al ser producto de la realidad, su materialidad social será influida como causa y efecto de la “energía” social, en donde radica su potencial aplicado.
Sobre el poder político - intro
- Detalles
- Visto: 9784
Índice del artículo
Página 2 de 6