CONCLUSIONES

Por tanto, el poder político, es simple y nominalmente, la expresión organizada de la energía social; dicho de otra manera, el poder político es: Aquella forma que permite como actuación consciente, la obediencia, sumisión y/o acatamiento; y, a la vez, una función dinámica de interdependencia, legitimada legal y socialmente.

De tal forma, se concluye con el aporte de una tesis diferenciada teóricamente, que surge de una visión sistémico - funcional sobre el poder político; categorizando enfáticamente que el poder político es, con base a los criterios epistemológicos actuales, básicamente; una socio co - construcción, expresada en tres principios:

Estos principios son los de simplicidad, complejidad y relacionalidad.

  • Simplicidad, por cuanto objetiva; y esta objetividad está dada por su particular objeto de estudio, el poder político.
  • Complejidad, por cuanto social e institucionalmente convenida y,
  • Relacionalidad, por la variabilidad y permanente contradicción en su interdependencia.

De la misma manera se determinan las categorías del poder, constituidas por su carácter holístico, transdisciplinario y dinámico:

  • Holístico, por su sentido de unidad, tanto como expresión de cohesión social, como por su expresión activa de coacción por el poder mismo, como de coerción por su carácter legal y legítimo, como de élites.
  • Transdisciplinario, pues para su estudio requiere desde el particular yo político personológico, hasta la universalidad de la sociología del poder, la economía y en general de la política objetivada científicamente, es decir, de la ciencia política.
  • Y dinámico, por categórica y en permanente evolución y recreación, consecuencia de las oscilaciones en la tendencia entre adquisición y pérdida de poder.

Lo anterior, además permite constituir un conjunto de regularidades que permiten caracterizar el poder como un proceso de regulación y desregulación intencional; pues sus componentes en su interacción, deben ser regulados de alguna manera, para que los objetivos y las metas, finalmente se realicen; y este proceso el que fundamentalmente expresa sus particularidades funcionales y sistémicas; estas regularidades se expresan como atributos del poder; estos atributos son:

  • Teleológico: En cuanto el poder aún cuando algunos autores lo consideran medio; todo medio sirve y en el caso de impacto e/o incidencia social, busca y/o logra un fin o finalidad.
  • Axiológico: Por cuanto en la búsqueda y logro de el fin, en él se expresan los valores de élite, tanto central, como de intereses y marginal; o los antivalores en, ante o por su ejercicio.
  • Sistémico: Como consecuencia de que la menos para que el poder exista deben existir simultáneamente quien lo ejerce y sobre quien se ejerce, empoderados y subordinados, autoridades y disciplinados. Donde el todo no es simplemente la suma de sus partes, sino que en cada una de sus partes (yo político) se expresa el todo del poder político.
  • Realimentación Elemental: Porque el poder no puede ser ejercido sin la flujicidad entre sus elementos; esta flujicidad explica la estricta relación de la función estado, la autoridad, la normatividad, la ordinación; etc., estos flujos son los que determinan los bucles o ciclos sistémicos de todo proceso de ejercicio del poder. En esta flujicidad, es la relación ambiental; y en este ambiente, es el ámbito transaccional la particularidad de estudio esencial, pues en él se encuentra lo “que se comparte”. Es en este sentido de interdependencia donde se pueden explicar los “flujos perversos” entre las prácticas ancladas en el pasado y la ciencia política emergente hacia el porvenir, más allá de la servidumbre voluntaria .
  • Circunstancial: Por cuanto, tanto entre gobernados y gobernantes se establecen relaciones circunstanciales, contradictorias entre unos y otros, como entre una fase y otra; expresada en positividad y/o negatividad relativa.
  • Operatorio: Esta rodeado de operatividad o de falta de operatividad como conjunto de relaciones de y entre fuerzas que pasa tanto por las fuerzas dominadas, como por las dominantes y de donde surge la subregularidad implícita de singularidad; pues todo flujo de poder, es singular.
  • Entrópico: Pues por su carácter objetivo tiende a caer en un estado de desorden al perder su equilibrio, por cuanto sistema vital - social - político, al quedar estático, sin la inercia natural de sus procesos; lo que lo convierte en un sistema desorganizado y caótico.
  • Equifinalidad: Pues como sistema abierto, su comportamiento con los mismos orígenes y principios, puede obtener resultados totalmente diferentes; pues los insumos y fines sociales del poder son tan variados que su producto no solo es estocástico, sino también extraordinaria y posiblemente complejo y difuso.
  • Homeorrótico: Porque el equilibrio, al ser social, es un equilibrio superior del sistema total; en esta caso como sistema de poder político, lo cual no puede ser explicado en una simple homeostásis; sino en la relación problémica entre realidad e ideal, tanto de quien lo ejerce, como sobre quien se ejerce.
  • Cacoludido: Pues para encontrar su equilibrio teleológico y de equifinalidad entre origen, fines y agentes de poder, su relación oscila y permanece en la dualidad entre ilusión y desilusión de élites y social.
  • Autoecorregulado: Por cuanto se origina, persiste y cambia como consecuencia del propio poder, en un ambiente determinado y en búsqueda permanente de su legitimidad que es dinámica.
  • Sociohistórico: Por cuanto producto del antecedente temporal de la sociedad; la historia como experiencia vital del ejercicio del poder o del no poder.
  • Multidimensional: Por cuanto acción de Estado.
  • Y Multivariado: Como consecuencia efectual en los diferentes estrato, jerarquías, clases, de distribución e interés social.

Dice Pribram que aún; “la realidad no sea lo que vemos con nuestros ojos… si no tuviéramos esa lente, las matemáticas efectuadas por nuestro cerebro, tal vez conociéramos un mundo organizado en el campo de la frecuencia”. Ni espacio, ni tiempo, solo permean los acontecimientos. “El material del universo es material mental” . El cerebro es un holograma que interpreta un universo holográfico.

Y aún sabiendo que discurso y realidad jamás serán la misma cosa; pues ningún argumento, aún cuando válido y confiable, podrá expresar en contenidos, la realidad misma; es al menos un intento de precisar lo incognoscible.

Aún sabiendo a estas alturas de la ciencia que el conocimiento holómico es holístico, uno de sus principios radica en el respeto no solo a lo racional, sino a lo irracional; es también aquí donde aparece la lógica, el secreto, el misterio de la complejidad y el sentido profundo de la autoorganización: “Una sociedad se autoproduce sin cesar, porque constantemente se está autodestruyendo” .

Esto solo puede comprenderse bajo la noción del hombre hipercomplejo, una unidad constituida por el conjunto de principios generadores a partir de los cuales se ha desarrollado el Homo sapiens; añadiendo al esquema global y estocástico entre orden y desorden, el principio de infracomplejidad expresado en la dominación implacable y el aniquilamiento de oposiciones y antagonismos.

O como futuriza Alvin Toffler, en relación a la opinión ciudadana a la que nunca se le consulta sobre los más amplios y remotos fines de su municipio, Estado o nación, para que encuentre la forma organizada de lanzar sus ideas al palenque político, el cual, aislado del futuro se convierte en un “eunuco político” ; opiniones y sujetos emisores, carente de poder. O la esperanza del “poder de la minoría” .


“Es cierto que las leyes generales se aplican a todo, pero, por esta misma razón, rara vez pueden explicar nada en particular”.

Minsky


“Lo que está demasiado claro, no es interesante”

Soljenitsyn